4. Elección del sustrato
El sustrato puede ser un material natural, artificial, mineral u orgánico distinto al suelo in situ, que colocado en un contenedor en forma pura o en mezcla permite el anclaje del sistema radicular proporcionando agua y nutrientes. Un sustrato puede estar formulado por uno o más materiales, lo importante es que el producto final tenga las propiedades adecuadas. Deben poseer una elevada porosidad y capacidad de retención de agua, junto a un buen drenaje y aireación. Químicamente, es conveniente valores de pH entre 5,5 a 6,2 y niveles salinos menores a 1 dSm-1.

Generalmente para llenar las bandejas se utilizan sustratos comerciales (Foto 10) para siembra en base a turba sphagnum con agregado de perlita y vermiculita. También pueden utilizarse otros materiales como corteza de pino compostada o fibra de coco entre otros. Cualquiera sea el sustrato elegido, es importante que la distribución del tamaño de las partículas brinde un equilibrio entre la aireación y la capacidad de retención de agua logrando buen drenaje y a su vez permitiendo el ascenso del agua por capilaridad.

Antes de llenar las bandejas con el sustrato, este debe ser homogeneizado y humedecido. La homogeneización consiste en retirar la totalidad del sustrato a utilizar de las bolsas y mezclarlo. Para humedecer el sustrato, debe ir agregándosele agua de a poco mientras se va mezclando. En el punto adecuado de humedad, si se toma un puñado de sustrato y se lo aprieta con la mano queda agua libre entre los dedos pero no caen gotas. En ese momento, el contenido de humedad rondará en un 50%.


Foto 10. Sustrato formulado con turba sphagnum, perlita y corteza de pino compostada.



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